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sábado, 5 de septiembre de 2026
Historia de Sagra
El libro Historia de Sagra es un ensayo-homenaje al pueblo de Sagra, su historia, costumbres y tradiciones de los vecinos del espacio geográfico alicantino de la Subcomarca de la Rectoria en la Marina Alta. En el libro se realiza un breve recorrido por Sagra, primero desde una perspectiva general del lugar, describiendo su historia, economía, orografía, clima, etc., y luego desde la peculiaridad de sus habitantes que la componen.
viernes, 19 de febrero de 2021
ESCUELA - SAGRA
La formación escolar es un mecanismo esencial para el correcto desarrollo de la sociedad. No obstante, el sistema educativo nunca ha sido una constante, varía en función de la época y sobre ella influyen una serie de variables: pensamiento, ideologías, etc. Los primeros sistemas educativos y más antiguos, tenían como característica común la enseñanza de la religión, los principios de la escritura, ciencias, matemática, arquitectura, así como las tradiciones de los pueblos. En algunas culturas también se valoraba la gimnasia y la música.
Colegio Público de Educación Infantil y Primaria Joanot Martorell
En 1910 se establecieron los sueldos de los maestros que enseñaban en poblaciones menores de 2.000 habitantes, fueran sobre las 1.000 pesetas anuales según escalafón. No obstante y según el decreto descrito, en atención a la mayor carestía de la vida en las grandes ciudades o poblaciones de 20.000 a 400.000 habitantes, los maestros/as solían disfrutar como indemnización de residencia las cantidades de 250 a 500 Ptas. anuales. Además, a los maestros/as les pagaba el Ayuntamiento o el Consejo Escolar si existía. Se decía la expresiva y triste frase:
“Pasas más hambre que un maestro de escuela”.
En numerosos pueblos pequeños, su esfuerzo y dedicación se
veía muchas veces recompensado con el agradecimiento de los padres de los
alumnos/as, quienes, en determinadas fechas le ofrecían productos que cosechaban
en sus huertos o criaban en sus casas. Cada uno le llevaba lo que tenía:
huevos, aceite, frutas, etc. Los que carecían de ello, les compraban dulces,
colonia, chocolate u otros artículos. Con estos regalos aliviaban en parte la
miseria a que su salario les reducía.
A finales del siglo XIX principios del XX, el pueblo de
Sagra tenía numerosas carencias, entre otras, carecía de un local escolar
propio como escuela. Al efecto, el Ayuntamiento alquilaba casas donde ubicaban
las aulas escolares, por lo que los niños y niñas tenían que ir a la escuela de
un local a otro, locales que en su mayoría no gozaban de las condiciones
idóneas para realizar dicha función.
Según reseña el libro de actas de los plenarios del
Ayuntamiento de Sagra, el 15 de agosto de 1861, el grupo de gobierno alquiló la
casa de Pedro Amorós, sita en la Plazuela con derecho a habitación para maestro
por el precio de doscientos diez reales anuales. Y en 1866, según consta en el
acta de la sesión plenaria del Ayuntamiento celebrada el 10 de junio, la
comisión de gobierno acordó alquilar la casa de Bernardo García sita en la
calle Moreral, para escuela con derecho a habitación por convenido precio de
treinta escudos anuales, siempre que la dejase reparada y con una habitación
decente, cocina, corral cubierto y lugar común. Igualmente, el 8 de noviembre
de 1921, alquilaron la casa de Dª Carmen Mut, sita en la calle de En Medio nº
8, por la cantidad de 150 pesetas anuales.
Con la Dictadura de Primo de Ribera, en 1923/30 y
posteriormente con la República, se acrecentaría el interés por la educación.
Si bien, para la Segunda República, la educación constituyó uno de los grandes
compromisos sociales de la democracia de la Segunda República. La Constitución
republicana de 1931, no consagró un capítulo expresamente a ello, pero fue el
texto que más extensamente se ocupó de los problemas de la educación,
«Proclamaba la escuela única, la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria,
la libertad de cátedra y la laicidad de la enseñanza».
La labor del personal docente durante la II República fue
encomiable, miles de maestros y maestras desarrollaron una extraordinaria labor
en pueblos y ciudades. La educación republicana bebía de los ideales de la
Institución Libre de Enseñanza “ILE” y por tanto en los principios de la
Escuela Nueva: una enseñanza pública, obligatoria, gratuita, activa, laica,
comprometida con el fin de las desigualdades sociales de género y lingüísticas.
Y aunque las autoridades republicanas no consiguieran todos sus objetivos, al menos lo intentaron el establecimiento de la escuela única, la planificación y ejecución de la construcción de escuelas y las experiencias de enseñanza mixta en la escuela primaria. Su labor durante todos esos años a la vanguardia de la cultura y los valores republicanos les supuso posteriormente un gran coste personal. Cientos fueron asesinados y decenas de miles fueron expedientados y/o apartados durante décadas de su profesión. Los más afortunados/as sufrieron el exilio.
En Sagra ejerció como maestra propietaria desde 1931 Dª Amelia Paulo Bondía. Personas longevas del pueblo describen, que durante los años que Dª Amelia estuvo de maestra en Sagra, estuvo hospedada en la venta o posada que estaba regentada por María Rosa Carrió Camps –hija Salvador Carrió Rovira, “El Zurdo”– y su marido José Estela Oliver, padres de Francisco Estela Carrió, más conocido en el pueblo como “Carlitos de la Venta”.
En su andadura como maestra de Sagra, Dª Amelia, junto a su compañero el maestro D. Onofre y el entonces alcalde Vicente Cuesta Carrió, “El Cañero” fueron los artífices de que se plantaran los árboles en el recinto de la plaza de La Font. Pues aprovechando la notable ubicación que demostraban los terrenos contiguos a la Font de Sagra, –actual Plaça de la Font–, y de acuerdo con el consejo escolar, las autoridades eclesiásticas y civiles del pueblo, acordaron plantar unos árboles en dicha parcela en los primeros años de la Republica.
Para llevar a buen fin lo acordado, convinieron, que los
alumnos/as de la escuela lo realizaran, para ello, estimularon a los niños/as
de la escuela de Sagra a plantar los mencionados árboles para un mayor disfrute
y regocijo del mencionado recinto. Pero como la escuela contaba con un mayor
número de niños y niñas que árboles a plantar, se crearon varios grupos para
que todos pudieran participar en dicho evento, comprometiéndose los niños/as al
riego y cuidado de los mismos en los ratos de recreo escolar, así como en días
festivos o de asueto.
D. Paco, sobre el año 1937 (Foto gentileza de Isabel Mut Peris)

Dª Amelia, sobre 1942 (Foto gentileza de María Miralles “Cándida”)
Después de la guerra civil, la escuela fue más que en ningún
otro momento un aparato ideológico al servicio del Estado y de la Iglesia. Para
la Iglesia era fundamental controlar la primaria, no porque albergase
preocupaciones por el lamentable estado instructivo de la infancia, sino porque
consideraban que a esas edades la predisposición psicológica de los tiernos
infantes era idónea para que socializasen con garantías de perdurabilidad al
menos parte de su caterva de hábitos morales y contenidos doctrinales. Para el Estado se convirtió en un poderoso
instrumento utilizado para formar a los niños y a los jóvenes en los principios
que convenían al régimen.
El maestro/a basaba su trabajo en la autoridad personal. La
disciplina y respeto eran los principios que regían dentro del aula y, el
maestro/a era la persona encargada de hacerlos cumplir. Los alumnos/as les
expresaban respeto y jamás cuestionaban sus decisiones, aunque si existían
discrepancias como es de suponer. De la época era costumbre expresar:
“La letra con sangre entra”
Esta proverbial frase denota que es necesario el trabajo y
el estudio para aprender algo o para avanzar en algo. Aunque a veces esta
expresión se asocia únicamente al castigo corporal como estímulo para aprender.
Y puesto que la función del maestro/a se basaba en el principio de autoridad,
los castigos en la escuela estaban al orden del día y, según quien los aplicara
podían ser en verdad crueles y humillantes para el alumno. Cualquier falta o
incumplimiento de la norma por leve que fuera era merecedora de una reprimenda
o una penalización. Los castigos más habituales eran colocar al alumno en un
rincón de cara a la pared con pesadas pilas de libros en las manos, palmetazos,
coscorrones y algún que otro bofetón como la archifamosa “colleja”. También era
costumbre hacer que el alumno/a copiara muchas veces una frase relacionada con
la falta cometida como la de “No hablaré en clase”.

En pueblos del medio rural no se vivía como se vive en la
actualidad, había mucha pobreza y no se consideraba primordial tener unos
buenos estudios –con saber leer y escribir era suficiente–. En la mayoría de
familias solían ser muchos hermanos y tenían que trabajar para poder comer, por
lo que había poco tiempo para estudiar. Por lo que algunos padres se
conformaban con que supieran leer, escribir y defenderse con los números.
Además, muchos padres tampoco se lo podían permitir. La incorporación de los
jóvenes al trabajo de forma ocasional o permanente a muy temprana edad abandonando
la escuela antes de la edad legal, conllevaba tener un bajo nivel de estudios.
A todo ello, las aulas y el mobiliario escolar no gozaron de
un diseño adecuado hasta finales del siglo XIX. Eran frías y destartaladas, no
había calefacción y se pasaba mucho frío en invierno. En las aulas había mesas
o pupitres de madera de diversos tipos fabricados por los carpinteros del lugar
bajo sus propios criterios. Generalmente, los pupitres eran con asientos
abatibles para uno o dos alumnos/as, unos agujeros para poner los tinteros,
unas ranuras para colocar los lápices y las plumas. Había un pequeño encerado
donde se ubicaba la mesa y el sillón del maestro/a, en la pared estaba una
pizarra, –un puntero de madera que tenía más de una función–, el Mapa de España,
el cuadro de Franco, el de José Antonio Primo de Rivera y un Crucifijo.

D. Carmelo Sendra Llopis, curso 1953/54 (Foto gentileza de Bartolomé Ballester Moll)

Dª Angelita, sobre el año 1956 (Foto de gentileza de Rosa Cuesta Ballester)
El material didáctico era escaso, se limitaba a un pequeño
libro para todas las asignaturas que frecuentaba ser en blanco y negro, un mapa
geográfico, ábacos y un globo terráqueo. Los útiles de escritura solían ser los
lápices, plumas de punta de un metal dorado que teníamos que estar metiendo en
un tintero para coger la tinta y pizarrines; estos últimos para anotar en
pequeñas pizarras individuales. Los lápices, libretas, sacapuntas, gomas de
borrar y otros utensilios eran escasos.
El horario escolar constaba de cinco horas repartidas de 9 a
12 por la mañana y de 15 a 17 por la tarde. Los afortunados/as que tuvimos la
oportunidad de ir a la escuela –muchos no tuvieron estudios–, al levantarnos
cada mañana desayunábamos –el que desayunaba– y nos íbamos a la escuela. A
mediodía algunos teníamos que ir a por agua a la fuente, comíamos y a las tres
de la tarde volvíamos a la clase.
Los que tenían que tomar la primera comunión después de
merendar asistían a catequesis. Al concluir la jornada escolar, los niños y
niñas solían jugar en la calle, aunque también tenían que ayudar a sus padres
en las tareas cotidianas de la casa y las del campo si las había y eran
requeridos, y si después había tiempo, nos íbamos a jugar a la calle con una
sola condición, volver a casa antes del anochecer. Las diversiones eran
escasas, pero se disfrutaban mucho en las fiestas patronales del pueblo,
carnaval y pocos eventos más.
Las niñas tenían que estar junto a sus madres para aprender
a ser buenas amas de casa, confeccionar el ajuar para el matrimonio, etc. y una
de las escasas posibilidades que tenían las jóvenes para salir de casa, era ir
al lavadero para lavar la ropa y conversar con las compañeras. Las niñas
jugaban a la comba, a la pita, a las tabas, al escondite, a las comidas y con
las muñecas que solían vestirlas con recortes de papel. Los niños jugábamos a
las canicas, a la peonza, al escondite, a las chapas, hacíamos espadas de
madera y pelotas con trapos enrollados y atados, etc. Los golpes y arañazos se
solucionaban sobre la marcha. Por la noche cenábamos y leíamos un cuento antes
de irnos a la cama.
A pesar de todo, el panorama de la escuela española en el
pasado siglo XX era un tanto desolador, se decía “Cada maestrillo tiene su
librillo” y era cierto, ser maestro/a era una vocación. Para sus discípulos era
la guía y el modelo a seguir, le temían, aunque también solían venerarle.
Si bien España quedó totalmente al margen del Plan Marshall
con el que los Estados Unidos de Norteamérica colaboró en la reconstrucción de
una Europa destrozada por la Segunda Guerra Mundial, la ayuda americana llegó
también a nuestro país vestida de tratados de alianzas básicamente militares y
de defensa que se firmaron. Con la amarga diferencia de que, mientras para
Europa la ayuda tenía mucho de altruista y era casi gratuita, España tuvo que
pagarla muy cara a cambio de ceder terrenos para bases militares y otras
concesiones.
En nuestra tierna y juvenil ignorancia, no lográbamos
concebir que un polvo al diluirlo en agua se transformase en líquido y tomara
la blancura de la leche, con un espesor y un sabor algo aproximado a la que
salía del ordeñe de las vacas, ovejas o cabras. Aquella leche era una rareza
para muchos y un descubrimiento para casi todos, al principio la tomábamos con
cierta desconfianza. Frecuentaban prepararla en calderos y nos la ofrecían
templada a la hora del recreo, tenía un sabor un poco raro que no gustaba a
todos, no era obligatorio bebérsela, pero como éramos críos nos hacía gracia,
además no estaban los tiempos para ir despreciando cosas y alimentos. Solíamos
llevar de casa una bolsita en la que nuestras madres nos colocaban un vaso, una
papelina con un poco de azúcar, una especie de chocolate en polvo parecido al
Cacao para mezclarlo con la leche y una cucharilla para agitarlo.
Algunos días y durante un espacio de tiempo, también solían
darnos una especie de mantequilla, así como queso de bola que tenía la corteza
de color rojo y venía en enormes latas cilíndricas de metal dorado. Cuando
había, el maestro o la maestra nos repartía el queso por las mañanas. También
se recuerda que era muy bueno, o al menos a mí me lo parecía, tenía una textura
parecida a los actuales quesitos en porciones. Los más afortunados lo poníamos
dentro del bocadillo que llevábamos de casa.
Desde las épocas descritas de nuestros padres y abuelos hasta la actualidad, la escuela ha cambiado mucho. Ahora, los centros de enseñanza están bien equipados: hay calefacción, instalaciones deportivas, laboratorios, distintas aulas que dependen tanto de la asignatura como del nivel académico del alumnado. Además, hay más profesores y están mejor preparados y cuentan con el apoyo de otros profesionales. España se encontraba en posguerra, sumida en la miseria y el 90 % de la población era analfabeta. La educación ocupaba uno de los últimos lugares y las pocas escuelas que existían eran unitarias, donde un solo maestro/a daba clase a numerosos niños o niñas sin tener en cuenta el sexo y la edad.

(Foto gentileza de Amparo Catalá Cuesta)
En Sagra, hasta la construcción del Actual Colegio Público
de Educación Infantil y Primaria Joanot Martorell, las niñas y niños de Sagra
asistían a la escuela en aulas y/o en edificios casi siempre separados de los
locales municipales ubicados en las Calles Abdón y Senen y San Antonio, nº 25
–locales donde antiguamente se ubicaban el antiguo Ayuntamiento y el local
donde antiguamente se ubicaba la antigua Farmacia–.
En diciembre de 1957, la corporación municipal del
Ayuntamiento de Sagra acordó construir dos escuelas y dos viviendas para
maestros subvencionadas por el Estado con 75.000.- pesetas por escuela y
50.000.- pesetas por vivienda. Acto que se acordará definitivamente en julio de
1959. El proyecto y demás documentos para su construcción le fueron asignados
al arquitecto D. Antonio Serrano Peral.
Las mencionadas escuelas se construyeron en los terrenos de
Vicente Cuesta Carrió “el Cañero” de 300 m2 adquirido por un importe de 13.000
pesetas y de María Estela Mut, también de 300 m2 adquirido por un importe de
12.000 pesetas, colindantes y situados en la calle Queipo de Llano, (actual
Avda. Pego) confluencia con el Calvario.
Describen, que el importe total de la ejecución del proyecto de las Escuelas ascendió a unas 230.000.- pesetas. Posteriormente en 1970 se pavimentó el patio de las escuelas con hormigón, y en agosto de 1985 se propuso designarlas con el nombre de Joanot Martorell.
sábado, 11 de julio de 2020
Hemeroteca Sagra
Debemos dejar ser más papistas que el Papa y dejar a un lado nuestras las ideologías políticas de partido, rencillas y envidias entre nosotros y construir un pueblo sostenible garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, respetando el medio ambiente y aumentando el bienestar social de todos nuestros ciudadanos
miércoles, 3 de junio de 2020
Sagra Inicio

Goza del húmedo y plácido clima Mediterráneo litoral caracterizado por sus suaves temperaturas por la influencia y efecto regulador del mar. Con una temperatura media anual que oscila entre los 14º y 20º C, le confieren un microclima de los más suaves y templados de nuestra cuenca mediterránea.
Los factores geomorfológicos que confluyen en Sagra con una orografía y posición geográfica abierta hacia el levante, le confieren un régimen de lluvias de las más elevados del País Valenciano. Aunque está caracterizado por una pluviometría irregular, con un pico máximo de precipitaciones durante la estación equinoccial “otoño” en que puede llover en un mismo día de 40 a 100 l/m2, alternando con un período de acusada sequía estival con un promedio de precipitaciones de 600 a 900 mm/año. Por lo general, las precipitaciones son modestas e irregulares con prolongados periodos de sequía y lluvias torrenciales en cortos espacios de tempo, “Entre la sequía y la riada solo media un suspiro”. Esta irregularidad y escasez en aportaciones fluviales, propicia que los acuíferos no se recarguen adecuadamente al tratarse de cuencas muy reducidas.
Ideográficamente, Sagra queda ubicada en el sector mediterráneo del extremo nororiental de la provincia de Alicante en la comarca de la Marina Alta. Está situado en terrenos de pequeñas y medias cuencas constituidos por calizas y margas del Cretácico y depósitos aluviales del Mioceno de la cuenca de Alfaro-Migdia-Segaria, y tiene una superficie aproximada de unos 839 Km2. Sus aguas son bicarbonatadas cálcicas de baja mineralización, posee una conductividad eléctrica que no suele superar los 400 μS/cm, con un contenido en sulfatos y cloruros normalmente inferior a 40 mg/l. y concentraciones por debajo de los 20 mg/l, sus aguas se pueden catalogar de buena calidad.
Estos recursos hídricos se nutren por la filtración de las aguas procedentes de las sierras y montes colindantes que circundan el pueblo, destacando: la Carrasca, el Collao, Cavall Verd, el Peñó o Penyal de Laguar, Seguili, Migdia, Resingles, Cabal y Segaria etc., ubicadas todas ellas en el manto aluvial de los sedimentos cuaternarios del medio Girona del acuífero de Mediodía, formados mayoritariamente por terrenos calizos característicos de un mioceno margoso del tipo kárstico, terrenos que contribuyen al sustento de las fuentes de Sagra.

Las corrientes fluviales de Sagra son prácticamente inexistentes, aunque no es deficitaria en agua, pues en su entorno se concentran numerosas fuentes y pequeños oasis, muchos de ellos secos actualmente y en desuso. Los recursos hídricos de los manantiales y fuentes de Sagra solían estar establecidos entre los 15 hm3/año aproximadamente. Pero desde antaño, por la gracia de Dios y la atención de sus ciudadanos, el pueblo de Sagra disfruta de un agraciado entorno con numerosas fuentes de aguas cristalinas, fértiles huertas de vegetación exuberante y cuantiosos campos de naranjos.
Naranjos que en primavera se engalanan con la fragancia seductora de su flor de azahar. Flor que aromatiza las más profusas pasiones incitándonos a pasear por su fértil y frondosa campiña henchida de grandes encantos en la que se puede aspirar su atmósfera saturada por las esencias y efluvios de los cultivos que tan pródigamente le brinda la naturaleza. Por lo que fácilmente podríamos expresar la frase de:
en un colosal y peculiar entorno plagado de fuentes de aguas cristalinas,
Porque
Si paraíso en la tierra hay, Sagra es el rosal fragante de España,







